“VIVÍ EN EL MONSTRUO, Y LE CONOZCO LAS ENTRAÑAS Y MI HONDA ES LA DE DAVID” JOSÉ MARTÍ.

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EL APÓSTOL

CUBANO: JOSÉ JULIÁN MARTÍ PÉREZ

VIVÍ EN EL MONSTRUO, Y LE CONOZCO LAS ENTRAÑAS Y MI HONDA ES LA DE DAVID

TOMADO DE: http://www.sierramaestra.cu/index.php/titulares/18082
Santiago de Cuba, Miércoles, 06 Febrero 2019 / ISSN 1681-9969
Categoría: Titulares Publicado: Domingo, 28 Enero 2018 05:00 Escrito por Orlando Guevara Núñez Visto: 941
jose martiBasta leer o escuchar esas palabras para saber que fueron escritas por José Martí el día antes de su caída en Dos Ríos, es decir, el 18 de mayo de 1895. El destinatario fue su amigo mexicano Manuel Mercado. La muerte de nuestro Héroe Nacional dejó inconclusa esta carta. Pero aún así, constituye un valioso documento histórico y político.

Estaba Martí consciente de la posibilidad de morir. Por eso escribe en la misma misiva: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y mi deber- puesto que lo entiendo y tengo fuerzas para realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

Clara definición antiimperialista de José Martí, que supo vislumbrar el carácter ambicioso y ansias de expansión y dominio del naciente imperialismo.

A esa potencia, el monstruo donde vivió, Estados Unidos, la califica como El Norte revuelto y brutal que los desprecia, refiriéndose a los pueblos de América, en peligro de ser absorbidos por el anexionismo.

Relata Martí su reciente conversación con un corresponsal del Herald; hablan del anexionismo, de las posiciones autonomistas y éste le refiere una opinión dada a entender de Martínez Campos, sobre que llegada la hora España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la isla a los cubanos.

Se refiere a un tema relacionado con la experiencia de la guerra de 1868. “La revolución desea plena libertad en el ejército., sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura. Puntualiza su criterio de que un pueblo no se puede guiar contra el alma que lo mueve, o sin ella.

“Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. (…)

“Hay afectos de tan delicada honestidad… Ahí quedó tronchada la carta. Adviértase su última palabra: honestidad.

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