EUDES ASPRILLA: EL ÚLTIMO DECLAMADOR. Por: Armando Orozco Tovar 

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EUDES ASPRILLA: EL ÚLTIMO DECLAMADOR

EUDES ASPRILLA: EL ÚLTIMO DECLAMADOR                                                                                                                                     Armando Orozco Tovar

Marzo 12 de 2015
Calabó y bambús./Bambús y Calabó/ El gran cocoroco dice tu-cu-tú/la gran cocoroca dice: To-co-tó./Quema el sol en Timbactú./Los negros danzan en Fernando Poo./ El cerdo gruñe en el barro: pru-pru-prú./ La rana croa en el estanque; cro-cro-cró./ Calabó y bambús./Bambús y Calabó. (Luis Palés Matos. Puerto Rico 1890- 1959.)
Algún día dije:-Esa mala costumbre de morirse, que tienen los amigos…Pero- pensé de inmediato: ¿Qué más pueden hacer mis compinches cuando se bebieron en noches interminables entre recitación y declaración, todos los licores del mundo, recordando y diciendo los versos de la poesía afroamericana?
Eudes Asprilla, recién fallecido, se sabía toda esta poesía con una memoria demostrativa, de que en su infancia en Itsmina-Chocó,(1931-2013) lo habían alimentado con el pez Mero, el mejor pescado del río San Juan, (casi ya extinto)…Y con el chontaduro también devorado por una plaga traída por alguien del extranjero al Chocó…  Rubios personajes que llegan sin visa como avispas “quita calzón”, en busca de sus enormes riquezas  ocultas en su frágil suelo y subsuelo.
Así era este negro de alma negra y gran condición humana, con estatura física de basquetbolista. Esencia que la tenía incrustada  como el carbón en su cuerpo. Y no como dijo Eutushenko, el poeta ruso en un poema dedicado a Luther King, en los sesentas: que era blanca, blanca como el algodón. Rectificándolo de inmediato en otro suyo, Nicolás Guillen, dedicado al mismo líder de la lucha por los Derechos Humanos de las negritudes en Norteamérica, expresando: La tenía negra, negra como el carbón.…
Sí, porque Eudes Asprilla, a quien conocí en casa de mi padre Armando Orozco Echeverry, (Quibdó/ 1915-Bogotá/2002) libando aguardiente hasta el amanecer,  que también fuera poeta en su juventud, oficio el cual abandonó muy joven con honestidad, diciendo: Lo dejo, porque no quiero ser un poeta menor. A veces se reunían en la casa de este gerente de ventas de la Compañía Colombiana de Alimentos Lácteos- Cicolac, para recordar anécdotas de su tierra y otros tiempos lejanos del Chocó…  Lo mismo que a personajes desaparecidos  y sus historias olvidadas…  Los Gualí, cantos funerarios para los entierros de niños, entonados por toda la comunidad en los velorios…
Poemas, que el declamador Asprilla se sabía de memoria, incluyendo en su “caja negra” de alto vuelo de las añoranzas los poemas de mi papá, sus Gualí, Papitú, Romance del negro minero… y otro dedicado al incendio de Tadó… … Que eran evocados de manera magistral por el baloncestista de versos negros, en aquellas tenidas inverosímiles…  Sólo volviéndolo a hacer un día nuevamente al lado del ataúd de Orozco Echeverry, en septiembre del 2002.
Ahora no sé si estos dos chocoanos se querían de verdad, porque lo que sí sé, es que las gentes de esta región del Pacífico colombiano, sufren no de xenofobia sino de chocoano-fobia, porque desde siempre los blancos les enseñaron a aborrecerse entre sí… Y como  sólo somos lo que pensamos, tampoco aman a su tierra con el ardor con que debían hacerlo. No cuidan sus recursos mineros, ríos, fauna y flora colosales, guardados por una selva cada vez más arrasada por las compañías multinacionales, como ocurrió en gran parte del  siglo XX con la Chocó Pacífico, que dejó, después de sesenta años de extracción continua e implacable del oro de Andagoya, sólo huecos en medio de una población en total miseria…  También contribuyendo con este saqueo imperial, como pirañas frente al cadáver de una víctima, la mayoría de sus gobernantes. Los cuales en un santiamén, acaban con el mísero presupuesto departamental.
Eudes no era un poeta sino un declamador, y ejercía su oficio con maestría y belleza: Lucía trajes típicos propios o inventados de la afrocolombianidad. Le escuche decir los Sones enteros de Nicolás Guillén (1902-1989): Tendida en la madrugada,/ la firme guitarra espera: voz de profunda madera/desesperada… Poemas del portorriqueño Luis Palés Matos, del cubano José Zacarías Tallet (1893-1989):¡Zumba, mamá, la rumba y tambó!… Y del cartagenero Jorge Artel (1909- 1994): Las playas -negras hembras/Desnudas, tendidas al sol / impregnadas de yodos balsámicos/ Brindan al aire su risa rosada/ De caracoles…
Eudes: El último declamador, también recitaba poemas de los vates venezolanos, el país, que lo acogió joven alguna vez.

 

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