ENTREVISTA; Ernesto Samper, ex presidente de Colombia ALI DASHTI Madrid.

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El ex presidente colombiano Ernesto Samper en Casa de América. ALI DASHTI

Ernesto Samper, ex presidente de Colombia: “Iván Duque puede traer la paz si acepta que es asunto de todos los colombianos”
ENTREVISTAErnesto Samper, ex presidente de Colombia
ALI DASHTI Madrid
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22 JUN. 2018 09:30

El ex presidente colombiano Ernesto Samper en Casa de América. ALI DASHTI

 

El ex dirigente del país latinoamericano insta al nuevo presidente Duque a que continúe con el posconflicto manteniendo los acuerdos de paz tal como están

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Ernesto Samper (1950, Bogotá) fue el presidente de Colombia entre los años 1994 y 1998, cuando el país estaba intentado dejar atrás el pasado violento del narcotráfico, encarnado en la figura de Pablo Escobar, que murió tiroteado por agentes de la DEA de Estados Unidos en 1993. Aunque han pasado más de 25 años, tanto el cultivo de drogas como su consumo y el tráfico a través de este país latinoamericano han aumentado un 20% respecto al año pasado, según cifras del Ministerio de Defensa del país. El ex presidente colombiano también es uno de los grandes defensores de los acuerdos de paz rubricados con la guerrilla de las FARC en La Habana el 26 de septiembre de 2016. Uno de los mayores críticos de estos acuerdos es el presidente electo Iván Duque, del partido Centro Democrático, presidido por el ex presidente Álvaro Uribe. Samper no es partidario de que se toquen los acuerdos, pero está convencido de que el nuevo timonel podría traer la anhelada paz para su país. Sin embargo, bajo ciertas condiciones, que enumera en entrevista con EL MUNDO.Su optimismo se esfuma cuando asegura que Colombia se ha convertido en el primer país de la América Latina en ser el ‘socio global’ de la OTAN. “Es un mal mensaje para la región; no comparto esta decisión arribista”, sostiene. A sus 67 años, sonríe cuando lo considera pertinente y mantiene un ritmo calculado al hablar. EL MUNDO habla con él en Casa de América, donde tiene participa este jueves junto a otros cuatro ex mandatarios de la región en el foro ‘El ímpetu de América Latina en el Nuevo Orden Mundial’.
¿A quién votó finalmente?
Voté por la paz. No quería terminar en la polarización que se estableció al final entre los dos candidatos. Creo que el bien máximo que estaba en juego en las elecciones era la paz. Por eso voté por la paz.
¿Y quién era la paz? Es decir, el símbolo de la paz.
Esa era la reflexión profunda que hice.
¿Cree que hizo una buena elección?
Yo pienso que la jornada fue histórica después de 50 años de un conflicto armado. Era la primera vez que en Colombia se vota realmente en paz. Hubo presencia electoral en 280 municipios donde antes tenía la presencia las FARC. Que un guerrillero [Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, quien finalmente retiró su candidatura] se asome a la Presidencia de Colombia con ocho millones de votos es tan importante como los diez millones de votos que sacó el presidente Iván Duque, que en este momento lo convierten en el próximo presidente de Colombia. Pero para los que vivimos y sufrimos el conflicto armado eso sin duda era un hecho histórico.
¿Quién es para usted Iván Duque?
Es una persona joven, moderna. Creo que es la mejor persona que ha podido escoger el Centro Democrático [su partido, presidido por el ex presidente Álvaro Uribe] para que lo representara. Muchos tenemos la esperanza de que gobierne hacia adelante y no hacia atrás.
¿Cree usted que la sociedad colombiana está polarizada?
Estuvo polarizada lamentablemente entre el presidente Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos. Una polarización que no fue conveniente para el país porque lo radicalizó alrededor de los extremos. Colombia es un país de centro. Había matrices de centro-izquierda, de centro-derecha. Creo que otro de los resultados importantes de la jornada que vivimos el pasado domingo fue precisamente que se alinearon todas las fuerzas, de las tendencias de derecha e izquierda sin caer en los radicalismos. Y eso le sirve a la democracia colombiana para el futuro, porque en el pasado lo que hubo era una disputa entre dos partidos tradicionales, liberal y conservador, y ganara uno u otro a la gente le daba lo mismo. Pero el hecho de que realmente la gente se moviese a votar y la abstención bajara a menos del 20% parece un alto margen de participación porque Colombia tiene la posibilidad de llegar a una democracia, digamos, moderna.
El partido liberal, cuyo líder es el ex presidente César Gaviria, no logró sacar buenos resultados.
No. Eran resultados muy pobres. Permíteme la generalización: creo que todos los partidos tradicionales en el mundo están en crisis. Hay una crisis de representatividad que durante el siglo pasado nos permitió tener una dinámica política, creo que el fenómeno de las redes, y el crecimiento de los movimientos de representación social son las nuevas alternativas que se abren en la política en materia de energía, medio ambiente, los temas que llaman la atención a la ciudadanía. Creo que estos fenómenos han creado otros fenómenos interesantes: negativos como el Brexit en Inglaterra, la elección de Donald Trump o la perdida del plebiscito para la paz en Colombia porque de alguna manera son sindicatos de odio pero también positivos, como el hecho de que los partidos han tenido que revisar sus cuadras y presupuestos para que no les deje el tren.
¿Achaca usted la derrota de su partido al desempeño del ex presidente Gaviria?
Sí, lamentablemente él es quien ha estado respondiendo por el partido en los últimos años, así que tiene que asumir la responsabilidad.
¿Puede Iván Duque traer la paz?
Sí. La puede traer a partir de cinco premisas. La primera, que acepte que el tema de paz es un asunto del Estado y no de un gobierno, es del Estado colombiano. Segunda, que acepte que los acuerdos de la Habana tienen un carácter obligatorio desde el punto de vista de derechos nacional e internacional.
Pero los acuerdos no son un tratado.
No lo son, pero quedaron incorporados en tratados internacionales que se depositaron en organismos internacionales. La Corte Constitucional declaró el acto legislativo que de alguna manera incorporó los acuerdos a nuestra legislación. Los incorporó como normas institucionales. Y por el mismo contenido que tiene que ver con el Derecho Internacional y de Derechos Humanos que forman parte del núcleo duro de la Constitución.
¿Y la tercera premisa?
La tercera premisa tiene que ver con el respaldo de la comunidad internacional. Nunca había sido tan explícito el respaldo de la comunidad internacional a una política interna como ha sido con la paz en Colombia. Espero que el presidente Duque evalúe lo que representa para el país este consenso internacional alrededor de los acuerdos de La Habana. La cuarta tiene que ver con una agenda legislativa que acabe de desarrollarlo y de la que está pendiente la paz y es el asunto de las tierras. Y la quinta, que siga adelante con el postconflicto. La paz no era solamente el silencio de los fusiles que se pactó en La Habana. La paz es mucho más amplia que eso. Es enseñar al país que antes decidíamos con la violencia, ahora decidimos con el diálogo.
¿Qué es lo que rechaza realmente a Iván Duque de los acuerdos? ¿Es la Justicia Transicional?
Son unos reclamos que son más originados en el ex presidente Uribe que en Duque. Son los reclamos que se pueden tramitar sin afectar la estructura misma de los acuerdos. ¿Cuál es la columna vertebral de los acuerdos de paz? Que unas personas que hace cinco años estaban en la selva y los montes colombianos ocasionando todo tipo de daños en la búsqueda política de un conflicto armado, ahora tienen la posibilidad de hacer lo mismo pero por la vía de la presencia política. Uno no puede sacar a un guerrillero de la selva para que conduzca un taxi en Bogotá. Ellos tenían y tienen un proyecto político que de alguna manera fue trazado para que ellos siguieran buscando pero no con las armas sino en las urnas. Y eso es lo que finalmente sucedió.
¿Y si él toca esta parte? ¿Qué pasará? Habrá guerra?
Habrá un retroceso de la paz. Pero las FARC no van a tomar las armas.
Pero hay muchos disidentes de esta antigua guerrilla aún activos en las selvas.
No muchos, pero hay disidencias en algunas zonas específicas como en Putumayo pero son las disidencias que son mayoritariamente dedicadas al narcotráfico con lo que podrán mantener un lucha guerrillera.
Y eso es justamente lo que ha pasado con el ex guerrillero Santrich [Zeuxis Pausias Hernández Solarte, alías Jesús Santrich], ¿no?
La polémica con Santrich marca un cambio en la política de Estados Unidos respecto a la paz en Colombia. Porque EEUU participó en las negociaciones de la paz en La Habana a través de su embajador Bernard Aronson, de tal manera que ellos entendían de que consistía el proceso. Los delitos por los que imputan a Santrich, primero no serían delitos en Colombia, sino que es un intento de conspiración (delinquir) que no es un delito en sí y, en segundo lugar, podría ser juzgado perfectamente en Colombia, de tal manera que la circunstancia de pretender extraditarlo en los acuerdos de La Habana se estableció con una serie de controles, y es verdad que cometió los delitos después de la firma de los acuerdos. Pero esta circunstancia la tiene que evaluar la nueva Justicia Para la Paz, precisamente porque no es una decisión que se puede tomar al margen de lo que es la política de la paz y está bien que la Justicia Transicional tome su tiempo y está bien que se asegure que hubo comisión de delito pero no juzgar el delito en sí sino que verifique el hecho. Pero aún así, déjeme decirle que la Corte Suprema ha sostenido algo con lo cual yo estoy de acuerdo y que está registrado en los acuerdos y eso es que si la decisión para el señor Santrich fuese desfavorable, es decir que se acepte su extradición, él tiene que someterse al proceso de la Verdad para que la gente aporte a la verdad que les interesa a las víctimas, así que va ser un proceso largo, difícil. El señor Santrich no es un narcotraficante en los términos que puede llevar el jefe de un cartel; es un dirigente guerrillero. Hay que tener mucho cuidado para que esto no dañe los acuerdos.
¿Y qué será de los acuerdos?
Eso depende de las primeras de cambio, como decimos en Colombia. También de los pronunciamientos del presidente Duque al respecto y sobre todo para llegar a un acuerdo nacional, que estamos esperando que lo concrete.
¿Cómo valora la derrota de su ex vicepresidente Humberto de la Calle, el candidato en las elecciones presidenciales [que perdió en la primer vuelta el 27 de mayo]? El que fue el artífice de los acuerdos con las FARC.
Primero porque el Partido Liberal lo abandonó. El partido no se puso la camiseta de su candidato como debería habérsela puesto. Y, segundo, porque era la víctima de la caída de la popularidad del presidente Santos, que al término de los pactos en la Habana lanzó una reforma tributaria que prácticamente le quitó los acuerdos a la sociedad civil que actúa como agua de una pecera, si usted le quita el agua, se muere el pez, y el pez era Humberto de la Calle. No era su momento.
Usted llegó al poder en el 1994, un año después de la muerte de Pablo Escobar. ¿Cómo estuvo la situación con el narcotráfico en ese entonces? ¿Hubo mucho cultivo y consumo? Además, ¿cómo valora el aumento del 20% de los plantíos de la coca en 2017? ¿Ha fallado el proyecto de sustitución de los cultivos ilícitos?
Colombia tiene la situación paradójica de que está acusado del narcotráfico donde los niveles de consumo y empleo de las drogas son realmente bajos. Es decir, el consumo de este estupefaciente está más bajo que su cultivo. Las drogas afectan a América Latina y yo creo que en este tema los países están formando un nuevo consenso alrededor de una política alternativa en el manejo de las drogas que no es prohibicionismo radical, sino que consiste en que no podemos seguir recargando el peso de la lucha contra el narcotráfico que no está de la parte débil de la cadena. Y Colombia con México están liderando esta política.
Y el aumento del cultivo de coca ¿a qué se debe?
La razón a mi juicio es que el Plan Colombia, con el que intentamos erradicar de manera forzosa los plantíos de droga, lo que consiguió era que la coca se extendiera en todo el país. Cuando usted fumiga el predio de un campesino y no le da la posibilidad de sustituir el cultivo, lo único que consigue es que el campesino se vaya a otra parte y siga sembrando. Por eso, la sustitución social de los cultivos que se pactó en La Habana estuvo bien. Es decir, acabemos con los cultivos, pero demos al campesino la alternativa para vivir, que le den semillas, financiación, una mano por parte del Estado para que cambie la coca por cacao, la palma, de manera rentable. La única manera de acabar con estos cultivos por siempre es darles a los campesinos la adhesión a un proceso más lento, concertado y difícil pero para que salgan de manera permanente.
¿Qué opina de que Colombia ahora sea el único país socio global de la OTAN en América Latina ?
No comparto esta decisión arribista. Uno debe estar con su vecindario. Pretender que uno viene de un vecindario de familias de clase media con gustos de un edificio donde viven los ricos es una simple pretensión arribista. Es totalmente insólito que Colombia entre en la OTAN y la misma OECD, porque son escenarios donde no estaremos con nuestros semejantes. Estamos con países que tienen muchas más posibilidades de financiamiento y desarrollo que nosotros.
Entonces, ¿por qué se tomó la decisión de unirse a esta alianza militar? ¿Era un mensaje para la Venezuela del presidente Nicolás Maduro?
Es un mal mensaje para la región, porque la región desde ya hace muchos años tiene escenarios de defensa interamericana con EEUU. Por eso no tiene nada que ver con los asuntos de la OTAN. Cada día está más demostrado que los acuerdos de defensa son de nivel regional. Es decir, son las regiones las que se defienden. Los acuerdos globales cada día tienen menos importancia. El hecho de que nosotros estemos buscando un espacio que no es nuestro para defender nuestros intereses es una decisión totalmente insólita e incomprehensible.
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La ruta migratoria más mortal del mundo, con cifras de víctimas comparables a una guerra y movimientos estratégicos entre países, sigue fuera de control. El ajedrez al que juegan Italia, Bruselas y países como España y Francia mantiene a los inmigrantes como fichas intercambiables en una partida mortal. Sin una política migratoria común, la UE se enfrenta a un verano de naufragios, reproches, división y desprecio de los derechos humanos.Los barcos de rescate de las ONG, como ya le sucedió al Aquarius, se hallan bajo intensa presión del Gobierno italiano por orden del ministro de transportes italiano, Danilo Toninelli. Roma dio este jueves por la tarde la orden de confiscar el barco Lifeboat de la ONG Lifeline, con 224 inmigrantes a bordo, y conducirlo a puerto a la fuerza por violar las leyes internacionales y navegar bajo bandera falsa. Además hay otro buque patrullando la zona, el Seefuchs, mientras el Aquarius y el Open Arms se dirigen allí desde aguas españolas. Por su parte, el ministro del Interior italiano acusó este jueves por Twitter (formato en el que se comunica con sus votantes, como hace Trump) a esta organización de incumplir las indicaciones de la Guardia Costera italiana y libia: “Les han escrito para que no se movieran, que se ocupaba Libia, pero estos desgraciados, incluso poniendo en peligro la vida de los inmigrantes en estos botes, no han escuchado a nadie y han intervenido cargando su cantidad de carne humana a bordo”. Salvini sabe que su acusación no es correcta: las ONG están coordinadas por el Centro de Rescates de Roma y no pueden moverse a su antojo sin su autorización. Salvini, envalentonado, reclama a España y Francia que se hagan cargo del barco, igual que sucedió con el Aquarius: “Este barco Italia lo va a ver solo en postal porque las reglas se respetan. Llevaos a toda la carga de seres humanos a Holanda, o a Gibraltar, a Reino Unido, a España, a Francia o donde queráis”. El pasado jueves, Salvini ya le recordó al Gobierno de Pedro Sánchez sus compromisos incumplidos con el plan europeo de reubicación de refugiados: “De acuerdo con el proyecto de reubicación España tendría que haber acogido a 3.265 solicitantes de asilo de Italia, pero hasta ahora sólo ha recibido a 235, por lo que puede acoger las próximas cuatro barcazas”. Será Sánchez, ahora, el que tenga que decidir la suerte de estas embarcaciones con todas las miradas puestas sobre él. Las abismales diferencias que separan a los gobiernos europeos en materia de migración salieron de nuevo a relucir, cuando los líderes de República Checa, Polonia, Eslovaquia y Hungría, el llamado Grupo de Visegrado, anunciaron que no acudirán a la cumbre informal de la Unión Europea del domingo, una cita clave para consensuar políticas comunes y preparar el terreno de la decisiva cumbre sobre migración del Consejo Europeo -el órgano comunitario que reúne a lo jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros de la UE y el presidente de la Comisión- la próxima semana.El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, convocó el encuentro y dijo que no sólo estaban invitados los afectados, sino “todos los interesados”. Confirmaron su asistencia España, Alemania, Italia, Francia, Grecia, Bulgaria y Austria. “No vamos a ir”, dijo el halcón Viktor Orban. El jefe del Gobierno húngaro, uno de los líderes europeos más opuestos a la inmigración, compareció junto al canciller del Austria, Sebastian Kurz, que se ha alineado con los países del este de Europa y critica a la jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, que defiende una política de migración algo más laxa pero ordenada.Para la canciller alemana, la crisis migratoria en la UE se ha convertido en asunto de política interna. Merkel se encuentra bajo presión después de que el ministro de Interior Horst Seehofer, de la CSU bávara, le concediera dos semanas para alcanzar un acuerdo migratorio a nivel europeo. De lo contrario, Seehofer amenazó con romper la coalición en Berlín.Con esta postura, el club reunido el jueves lanzó un mensaje cristalino a la Unión Europea: no aceptarán la imposición de los criterios de la UE sobre los Estados miembros. “Entendemos que algunos países tienen problemas internos, pero esto no nos debe conducir al pánico en Europa”, dijo el Orban, desmarcándose de los deseos de Bruselas. Los cuatro países ya rechazaron en su día la solución de cuotas de reparto de refugiados. Los halcones de Visegrado comparten la vieja propuesta de fortalecer las fronteras externas de la UE y de crear centros de acogida fuera del club comunitario. Ahora tienen a Salvini de gran aliado en el sur.TE PUEDE INTERESAR

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