“Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen.”

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lunes, 11 de febrero de 2013

 

Y ahora que está tan en boga los asuntos de corrupción y del pelotazo económico, de los chanchullos, manipuleos, tejemanejes, componendas, engañifas, artimañas, fraudes, estafas y abusos en general que llenan los bolsillos de unos cuantos privilegiados desde el poder, cabe una reflexión profunda sobre la moralidad humana.

Quiero hacer mención a Honoré de Balzac, que fue un escritor singular del siglo XIX francés. Digo singular no solo por su interesante historia cargada de éxitos y contratiempos, sino por su propia evolución profesional. Cuando murió, su amigo Víctor Hugo pronunció las siguientes palabras: “A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado”.

Para mí uno de sus grandes pensamientos o sentencias fue: “Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen.” Cuando uno ve lo que está pasando no le cabe la menor duda. Desde un punto de vista moral y de justicia social, es un crimen el enriquecerse a costa de otros, el explotarlos, engañarlos y manipularlos para hacerse con sus bienes y arrebatarles sus derechos y sus casas con artimañas. Es un crimen el aprovecharse del llamado mercado libre para amañar precios. Es un crimen producir unos zapatos en China por 5 euros y venderlos aquí por 100. Es un crimen llenarse los bolsillos desde la especulación y no desde la producción. Yo, en los últimos tiempos, cuando veo una gran fortuna siempre acabo preguntándome: ¿A quién engañó este vendiendo a 100 lo que le costó 5? ¿Cómo especuló para multiplicar, no ya los panes y los peces que son alimento a repartir, sino los millones? ¿Habrá algo más soez que el señor Bárcenas, por poner un ejemplo, diga que su fortuna proviene de negociar y jugar en la bosa? ¿Habrá algo más indigno que un político quiera hacernos creer que porque no declaró a la hacienda pública unos ingresos en negro no los recibió? ¿Es que el dinero negro se declara? En todo caso, la leve confianza que queda en la justicia debería aclarar esas cuestiones…

Pero, volviendo al tema, creo que nadie tiene derecho a poseer en esta vida más de lo que fue capaz de crear, con algunas correcciones razonables. Esa es la mayor garantía de que, de partida, todos somos iguales, nacemos en cueros y evolucionamos según nuestras capacidades. En contrapartida, los Estados deben garantizarnos la cobertura de nuestros derechos constitucionales y humanos. Educación, sanidad, vivienda, etc. Pero, aclaremos, crear se refiere a bienes materiales e intelectuales y recursos que faciliten la vida a los seres humanos y al sostenimiento del planeta.

No, las diferencias tan terribles entre el pobre y el rico solo pueden venir de un ejercicio rayando en lo criminal, o lo delictivo, bajo un código ético y moral. Pero el modelo amoral, cuando no inmoral, está haciendo prevalecer los valores codiciosos sobre los humanos, los justos. Eso justifica las tropelías y abusos que padecemos y la dinámica de conflicto y confrontación, de guerra, botín, saqueo y despojo que se ejerce desde el poder y la fuerza no solo de las armas sino de los instrumentos que las leyes consienten.

A modo de conclusión, la reflexión de Balzac, no deja de hacernos pensar en que el excesivo enriquecimiento es injusto por definición. Por eso traigo a colación la frase lapidaria de Victor Hugo ante la tumba de Balzac y que repito: “A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado”.

Dejemos a un lado el mundo de los políticos corruptos y empecemos a mirar a aquellos que nos traen pensamientos e ideas para cambiar el sistema hacia otro mejor y más justo, para reemplazar a estos políticos por otra gente que sea capaz de gobernar desde la moralidad, la justicia social y los derechos humanos. Para los que sean capaces de meter mano a los banqueros, empresarios y al capital que solo piensa en el enriquecimiento y no en los intereses de la ciudadanía. Para los que antepongan los intereses generales a los particulares, las personas al dinero, el desarrollo humano e intelectual o espiritual a lo material. Ellos deben ser nuestros nuevos héroes, los que merezcan nuestra consideración y apoyo. Pero, esperemos que no nos los crucifiquen, como hicieron con Cristo los prebostes del poder establecido, tanto en lo civil como en lo religioso, de la Judea romana…

 

“Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen.”

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